El voto femenino durante la II República

El primer país europeo donde las mujeres pudieron votar fue en Finlandia en 1906. En España, la cuestión se comenzó a plantear a finales de la Restauración y existía cierto debate público sobre el tema. Durante la dictadura de Primo de Rivera se reconoció parcialmente. El Estatuto Municipal de 1924 otorgaba el voto en las elecciones municipales a las mujeres emancipadas mayores de 23 años y el protagonismo de la mujer fue creciendo en la vida pública, aunque en lo esencial su posición de desigualdad legal permaneció inalterada.

Durante la II República la mujer española obtuvo el derecho al voto. El articulo 36 de la Constitución de 1931 establecía que los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinan las leyes. La inclusión de este artículo fue objeto de una gran controversia.

En aquel momento, una parte de la derecha apoyaba el voto femenino, porque consideraban que la mayoría de las mujeres eran conservadoras. Esta idea estaba también muy extendida entre la izquierda republicana. Las dos únicas mujeres entre más de cuatrocientos diputados, Victoria Kent y Clara Campoamor, protagonizaron un intenso debate en las Cortes.

Victoria Kent, del Partido Radical Socialista, sostenía que la mujer no podía ejercer el derecho al voto libremente debido a la influencia que ejercían sobre ella sus maridos y especialmente la Iglesia. Había primero que consolidar la República. Clara Campoamor, del Partido Radical, consideraba un error excluir a la mujer de la República por miedo a su comportamiento electoral, las mujeres debían considerarse, por encima de todo, ciudadanas:

Señores diputados: se está haciendo una constitución de tipo democrático, por un pueblo que tiene escrito como lema principal, en lo que llamo yo el arco del triunfo de su República, el respeto profundo a los principios democráticos. Yo no sé, ni puedo, ni quiero, ni debo, explanar que no es posible sentar el principio de que se han de conceder unos derechos si han de ser conformes con lo que nosotros deseamos, y previendo la contingencia de que pudiera no ser así, revocarlos el día de mañana. Eso no es democrático. Señores diputados… Yo no creo, no puedo creer, que la mujer sea un peligro para la República, porque yo he visto a la mujer reaccionar frente a la Dictadura y con la República. Lo que pudiera ser un peligro es que la mujer pensara que la Dictadura la quiso atraer y que la República la rechaza, porque, aunque lo que la Dictadura le concedió fue igualdad en la nada, como me he complacido yo siempre en decir, lo cierto es que, dentro de su sistema absurdo e ilegal, llamaba a la mujer a unos pretendidos derechos (…)

Clara Campoamor, Diario de sesiones de las Cortes, 30 de septiembre de 1931.

El artículo 36 fue aprobado con 166 votos a favor (PSOE, con excepciones como Indalecio Prieto y el apoyo de los diputados conservadores) y 122 en contra (Acción Republicana, Partido Radical y Partido Radical Socialista), el 40% de los diputados restantes o se abstuvieron o no participaron en la votación. Las mujeres pudieron votar por primera vez en las elecciones de noviembre de 1933.

Además de los derechos políticos, la Constitución de 1931 reconoció la igualdad en todos los campos (art. 23), a la hora de ocupar empleos y cargos públicos (art. 40) y en el matrimonio (art. 43). Posteriores reformas del Código Penal y Civil siguieron poniendo los cimientos para la emancipación de la mujer.

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